Detectives de sangre y detectives de tinta

Por: César Biernay Arriagada

Bibliotecario Documentalista de la Policía de Investigaciones, PDI.

“Detectives de sangre y tinta circulan en mundos diferentes, pero cada uno tiene mucho que decirle al otro.”

La importancia de la crónica roja y la literatura negra en la memoria y cultura policial es innegable. Existe un fuerte vínculo entre una y otra, o dicho de otro modo, en ellas se cruzan las vidas de los detectives de sangre y los de tinta. La crónica roja y los manuales de criminalística dan un necesario enfoque técnico a la investigación policial, brindando la base para los procedimientos y técnicas básicas para una eficiente y eficaz recolección de evidencias; y la literatura negra contextualiza el hecho investigado en un escenario particular.

Aunque muchos detectives protagonistas de una novela dan con el asesino tras un laborioso (o generalmente accidental) indicio, en estas novelas se analiza criminológicamente a los inculpados, invitando a la reflexión y estudios de todos los casos posibles. Una novela negra, entonces, extrapola la aplicación de principios y técnicas investigativas que no distan demasiado de la realidad.

La crónica roja muestra los crímenes reales
La crónica roja tiene la ventaja de abordar un caso real, desde la arista periodística que busca cautivar la atención del lector, asignando la mayor cantidad de información posible a la narración. Sus datos son fidedignos y además de informar (o actualizar) a quién lee la crónica, puede con el tiempo transformarse en una noticia de proporciones, culminando con la edición de un libro. Claros ejemplos de ello lo constituyen el caso del descuartizamiento de Hans Pozo, que comenzó periodísticamente con una breve nota sobre el sorprendente hallazgo de un pie en la población Marta Brunet y terminó en la edición de un libro sobre el trágico suceso, o las notas periodísticas sobre los asesinatos en serie de Alto Hospicio que finalizaron en la publicación de “Reinas del desierto”, entre otros libros inspirados en el mismo tema.

Novela negra y práctica policial
En innumerables ocasiones de práctica bibliotecológica me he enfrentado a profesores de la Escuela de Investigaciones Policiales que reconocen el valor de la novela negra, citando a sus alumnos obras literarias de diferentes autores a fin de caracterizar y profundizar materias que versan sobre la recolección de evidencias, su etiquetado y embalaje. A saber: “Cinco Pepitas de Naranja” y “El Sabueso de los Baskerville” de Arthur Conan Doyle, o “La Carta Robada” de Edgar Allan Poe; abordando con especial detalle en los dos primeros la forma en cómo el detective aplica la criminalística en el caso relacionándolo con el resultado de la investigación, en tanto que en la obra de Poe se postula una importante afirmación para la investigación de robos, al señalar que “el mejor lugar para ocultar algo es a la vista de todos”.

En su historia, la Policía de Investigaciones, PDI, también ha reconocido el valor de la novela negra en la cultura policial. Dos hechos puntuales lo confirman. Primero, la publicación de “Mi mejor diligencia policial” como resultado de un concurso al que se convocó a los funcionarios de la PDI, y en el cual el argumento del cuento debía estar relacionado con hechos de una investigación policial protagonizada por el propio autor o por algún compañero de labores. Los cuentos seleccionados fueron compilados en un tomo que fue publicado con el mismo nombre del concurso.

El segundo hecho lo constituye el concurso de cuentos policiales realizado en la Escipol en mayo del año 2002, en el marco del aniversario institucional, donde se resaltó la proyección que tenían los aspirantes sobre la investigación policial teniendo nula experiencia en dichas tareas, basándose sólo en su acervo literario y experiencias personales.

Un caso de excepción: René Vergara
El policía de la calle se caracteriza por no escribir. Es decir, escribe mucha documentación pero no vuelca en el papel, en pRené Vergara, Detective y escritorluma novelística, sus investigaciones, con evidencias y resultados. Una excepción a la regla la constituye René Vergara, ex policía que se ganó el reconocimiento de sus pares y del medio literario. Vergara nació en 1920 y murió en 1981 de un infarto al miocardio. Fue un riguroso investigador, además de boxeador, ajedrecista, escritor de letras de tango, entusiasta colaborador de periódicos y de programas de televisión, profesor de criminalística y escritor de cuentos y novelas policiales. En su carrera policial destaca el haber sido fundador de la Brigada de Homicidios y asesorar en materia policial a los gobiernos de Bolivia y Venezuela. Su reconocido interés en la medicina legal le permitió resolver casos emblemáticos como “El Tucho Caldera” y “El chofer Arenas”.

Vergara unió al detective de sangre con el de tinta. Sus cuentos y novelas constituyen un innegable aporte al género policial. Sus relatos cautivan a los lectores con atractivas tramas. En 1951, el periodista José María Navasal publicó la selección “Los mejores cuentos policiales de todos los tiempos”, donde incluyó a autores de la talla de Cornell Woolrich y Gilbert Chesterton, y por cierto también a René Vergara con su obra “La bailarina de los pies desnudos”.

Detectives de sangre y tinta, como vemos, circulan en mundos diferentes, pero cada uno tiene mucho que decirle al otro.
 

 
Microcuentos negros

Reconstitución de escena

 

Me sorprendió extraordinariamente. El funcionario en la caja del banco era el mismo del día del asalto. Los clientes también y, más aún, estaban ordenados en la fila tal como el día del atraco. La hora  que el juez eligió para reconstituir la escena coincidía al minuto. El guardia elegido era físicamente idéntico en estatura, contextura y, quizás, la edad del que maté durante el robo. Sólo una cosa era distinta: el inculpado del delito al que le pedían que mostrara cómo habían ocurrido los hechos. Ese tipo no se parecía en absoluto a mí, pero claro, eso yo no iba a contárselo a mis compañeros de la PDI.

Martín Pérez

Quién es quién

Francisco Miranda

Santiago, 1962. Escritor y profesor de Castellano. Primer lugar primer concurso nacional de cuentos para escritores jóvenes “Manuel Rojas”, Mosquito Editores y Fundación Natanael Beskow (Suecia), 1991. Ha publicado los libros: “Cuento de hadas”, Revista “El Canelo”, Nº 31, enero, 1992. “SubVersos–Des(h)echos”, LOM Ediciones,1993; “Perros agónicos”, LOM Ediciones, 1997. “El Sindicato”, La Calabaza del Diablo, 2001.

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